Batalla Libro vs Película #29: Príncipe y mendigo.
- Valeria Venegas Salinas

- hace 4 horas
- 2 Min. de lectura

ALERTA DE SPOILER: INSERT COIN
Un educado príncipe conoció a su doppelganger: un harapiento mendigo. Y sí, ambos cambiaron de vestimenta para convertirse en el otro y vivir aventuras impensadas. También, sí: el rey murió juuuuusto cuando estaban en los pies ajenos, pero ¿cómo podrían regresar a sus vidas si nadie les creía?
Round one, ¡fight!
Mark Twain escribió el libro en tercera persona y lo convirtió en un clásico. Una historia de esas que se ha reversionado tantas veces que uno la conocía sin haberla leído / visto / etc. Y no es para menos, porque el libro era de esas narraciones cuya vigencia nunca se perdía. Básicamente, porque la critica a la sociedad era la misma desde tiempos interminables: el pobre sobrevivía, el rico era ciego y el que estaba en el punto medio, bueno, ¿estaba realmente donde creía estar?
Richard Fleischer dirigió la película de 1977 y George Scribner hizo lo propio con la versión de Disney de los 90s. Ambas mantuvieron la esencia del libro, pero la de Disney tuvo que ajustarse un poquitiiiito más para que no fuera tan cruel. Y tal vez sin querer queriendo (como diría el Chavo del ocho), Scribner logró convertir un clásico en otro clásico. Porque en este caso la redundancia era necesaria para hacer entender el punto.
Sin embargo, una queja. Entendí por qué la versión de Disney tuvo que cambiar varias cosas, pero lo que no entendí fue porque en la versión de 1977 no apareció una de las escenas más terribles, visuales, emocionales, tenebrosas y, a la vez, empáticas de todo el libro. Y esa escena era donde la señora que acogió al príncipe (por entonces mendigo) le dijo que debía matar unos gatitos para que no se murieran de hambre, por compasión. Twain mostró los matices del ser humano en unas líneas… pero esperaba que la película la pudiera igualar. Ok, las adaptaciones lo eran por una razón, solo que… el libro era complejo, crítico de la sociedad y esa versión pareciera pegada a la de Mickey Mouse. Y, para colmo, sin Goofy.
Round two, ¡fight!
Para mí, el punto fuerte del libro era el narrador. Contaba las cosas de tal manera que se distanciaba de los personajes y narraba con naturalidad lo que sucedía. En especial, la escena donde la señora debía deshacerse de los animalitos… Me gusta que nosotros, los lectores, somos los que reaccionamos a lo que se nos presenta.
Mientras que el punto fuerte de la película de 1977 fue Oliver Reed. Su actuación fue honorosa, como la que debería transmitir su personaje. Y el punto fuerte de la película de Disney fue la voz de Mickey Mouse. Perdón, pero hay algo en su voz (en inglés) que me gustó mucho y, ahora mientras escribo, entiendo la razón por la que eligieron a ese locutor. Bueno, bueno, Goofy siempre fue un punto fuerte.
K.O.
Voy al grano: el libro fue el ganador. No solo porque tuvo una narrativa muy imaginativa y con la que, además, fue muy fácil congraciarse. También, porque inspiró a tantísimas historias a ser realidad, que ya perdí la cuenta de cuántas son. Gracias, Mark Twain.



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